William resopla "¿Y tú? ¿Por qué no dices nada Eileen? ¿Qué opinas?" "Estoy con Gen. La caza del zorro, las corridas o la caza de la liebre en mi Irlanda natal son actividades crueles que deberían ser prohibidas"
William se levanta del sillón como un muñeco con muelle. "Eileen, creía que eras más educada. Buenas noches" Coge su abrigo y su casco de bobbie y se marcha enfurruñado. Está claro que me he quedado sin mi foto con un policía inglés.
Ni siquiera me ha dado tiempo a explicarle que he traido a Londres varios panfletos antitaurinos en inglés para que los turistas sepan antes de pisar España qué es realmente una corrida y no se dejen engañar por los tour operadores. Eileen se puso enferma cuando vio las fotos. A mi me pasó lo mismo cuando a los 14 o 15 años cayó en mis manos un folleto ilustrado con la imagen de un toro llorando y vomitando sangre. Recuerdo que lo guardé inmediatamente en un cajón que no fui capaz de volver a abrir durante días y eso que,por desgracia, habiendo nacido en España, son cosas a las que se supone que estás acostumbrada. Yo había visto fotos de corridas de toros desde muy pequeña. Mi tía tenía una caja llena de fotografías de personajes famosos: Frank Sinatra, Ava Gardner, Sara Montiel,...cortesía de unos parientes lejanos que se dedicaban al periodismo gráfico. En ella había también varios retratos de toreros porque el patriarca de la dinastía se había especializado en fotografía taurina. No llegué a conocerle pero si a sus hijos y nietos que solían visitar a mi abuela una o dos veces al año. Una vez, para impresionarles, hice con plastilina unos toros y unos toreros que mi abuela,orgullosa, expuso en la vitrina junto a la vajilla y cristalería fina para que las visitas pudieran contemplar el arte de su nieta de cuatro años. Eran horrorosos. De masa verde grisácea maloliente resultado de la mezcla de plastilina de varios colores. Los toros, que parecían más bien dinosaurios con cuernos,estaban decorados con palillos a modo de banderillas y los ojos estaban hechos con la punta de un lapicero. No era consciente de lo esperpentos que eran mis toreros, aunque no tardé en aprender que los de carne y hueso lo eran mucho más.
Imagen: Gehva
A los siete u ocho años vi una corrida por televisión acompañada de mi abuela materna que me explicó paso a paso las torturas a las que se sometía a los toros antes de matarlos. No hubiera hecho falta que me lo contara; las imágenes hablaban por si solas. No entendía cómo mi madre y mi tía*, de jóvenes, habían podido asistir a un par de corridas; y qué decir de mi abuelo materno, republicano catalán aficionado a los toros. "Si te hubiera conocido seguro que le habrías hecho cambiar de opinión" dice mi madre que confía mucho en el poder de persuasión de los nietos. A mi abuela paterna si que le gustaban los toros pero,para no disgustarme bendita mujer, nunca los veía cuando venía a pasar una temporada en nuestra casa. Ojalá le hubiera preguntado qué opinaba sobre las corridas mi otro abuelo. Suponer que le agradaban porque era cordobés sería tan estúpido e injusto como decir que en Cataluña prohibimos los toros porque son un símbolo español. Su hijo, mi padre,bueno, lo suyo era harina de otro costal. No le interesaban las corridas pero defendía su existencia con argumentos tan fácilmente rebatibles como aquel de que la tauromaquia es necesaria para preservar la raza del toro de lidia. Le fastidiaba que fuera vegetariana y le sentó muy mal que estrenara mi mayoría de edad viajando a Madrid para participar en una manifestación antitaurina. Ahora que lo pienso, celebré muchos cumpleaños de mi primera juventud sujetando pancartas. Es lo que tiene haber nacido dos días después de San Isidro.
Boletines antitaurinos publicados entre 1986 y 1994 por una asociación animalista zaragozana. Imagen: Gen
Creo que las cosas más útiles que he hecho en esta vida han sido aprender idiomas y sobretodo luchar por aquellos que no tienen voz. Y lo seguiré haciendo. Ojalá la tauromaquia sea algún día sólo un recuerdo tan bochornoso y borroso como aquellos apestosos monigotes de plastilina.
*Ambas se pasaron al bando antitaurino. Mi madre, desde hace muchos años, es también vegetariana.